Cómo lidiar con personas conflictivas en el trabajo sin que te afecte

A veces lidiar con una persona difícil es con un cliente, a veces un compañero de trabajo, y en algunos casos la persona difícil es un jefe.

Cuando se trata de tener que lidiar con este tipo de personas dentro del ámbito laboral, es donde el problema se hace mucho mayor.

Tenemos un abanico amplio de posibilidades: Están los tóxicos, algunos egocéntricos, los negativos, los que siempre se quejan de todo, los mártires -que únicamente buscan aprobación-, los impulsivos, los violentos, los que creen que lo saben todo, los que todo critican de forma negativa, gente con quien es difícil negociar y llegar a un acuerdo, los envidiosos…. Hay de todo en la viña del señor.

Lo más importante para poder sobrellevar este tipo de situaciones es que éstas no afecten tu estado de ánimo, por eso cuantos más recursos se tengan para saber llevarlos, menor será el impacto que tengan sobre nuestro ánimo.

He intentado recopilar 4 de los rasgos que más se repiten y las claves para sobrellevarlos.

Los agresivos 

Para detectar que una persona es agresiva no hace falta llegar a las manos. Seguro que conoces a alguno: Son aquellos individuos que hacen comentarios que son casi órdenes, están siempre preparados para la confrontación y suelen mostrarse molestos y enfadados con frecuencia.

Aquí el objetivo es que te respeten, por eso cada vez que te asalten y acusen verbalmente, si tú les dejas claro que te tienen que respetar, no lo harán más, porque estos individuos simplemente no atacan a quienes respetan.

Mi consejo es que le llames por su nombre de forma calmada, asegurándote de estar mirándolo directamente a los ojos. El siguiente paso, cuando se tranquilice, es cortar con su argumentación con frases como “mi opinión es …”, pero con respuestas firmes. Tienes que demostrar fortaleza.

Espera siempre a que haya un mínimo de calma antes de iniciar alguna acción. 

Esfuérzate por mantener la calma y controlar tus emociones para que puedas estar tranquila. 

Los sarcásticos

Ridiculizar a quienes se encuentran a su alrededor es uno de sus placeres. El sarcasmo son agresiones verbales encubiertas. Por eso a los sarcásticos no les gusta mantener un diálogo directo, actúan desde la sombra. Por ello, al enfrentarse directamente, la razón de ser de sus comentarios pierde fuerza, igual que ellos. Lo mejor es abordarlos de forma directa y segura.

El objetivo aquí es cortar el ataque de forma directa, si le tienes que interrumpir le interrumpes y puedes hacerlo por ejemplo lanzándole esta pregunta: ¿Qué es lo que realmente quieres decir con eso? En tono serio y firme.

Te aseguro que le dejarás en evidencia.

El sabelotodo

¿Qué te voy a decir que quizá ya no sepas? 

Cree que es la persona a la que hay acudir, la que tiene los contactos y la autoridad. Actúa como si hubiera estado en todas partes y lo hubiera experimentado todo. Si hay un problema, él tiene la solución, y si hay una pregunta, él tiene la respuesta, bla bla bla … Te suena ¿verdad?

Este ya te adelanto que nunca ha pronunciado la palabra “no sé”.

Tratar con un sabelotodo puede ser agotador y hay momentos en que lo mejor que puedes hacer es ignorar sus ‘útiles’ consejos tanto como sea posible. 

Desvía sus comentarios con un simple, ‘Gracias por la sugerencia’ en lugar de involucrarte en una larga discusión.

Ahora, si lo que quieres es hacerte escuchar ante el sabelotodo, tienes que estar preparada y muy segura sobre tu punto de vista. Ellos toman la información que les llega siempre como errónea, por lo que se agarrarán a cualquier fallo que tenga para atacarla. Presentar los puntos de vista de forma indirecta y preguntar los porqués de su posición pueden ayudar a que tome en cuenta nuevas aproximaciones.

Prueba y me dices 🙂

El quejica 

Todos tenemos problemas, partamos de esa base.

Al final, por muy mal que nos vaya la vida, nadie tiene derecho de estropeársela a los demás. 

Ni yo tengo derecho a ponerte de los nervios disparando mis quejas en el trabajo, ni tú tienes la obligación de escucharme. Porque ya tienes tu propio lote de complicaciones de las que ocuparte, ¿no es así?

Mis consejos respecto al quejica: En cuánto te lance una queja pregúntale, ¿qué vas a hacer al respecto? Es una forma de cortarle por lo sano y ponerle de cara a la solución. 

Tienes que ser incisiva y llevar la conversación sobre el problema en cuestión al terreno de las soluciones. Insiste al quejica sobre cuáles son sus intenciones para arreglar las cosas.

Si ves que “no tiene cura” que él/ella haga lo que quiera. Tú has de mirar por tu salud.

Las quejas producen estrés. Y el estrés, afecta a tu forma de pensar y de interpretar la realidad.

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Y recuerda,

Crea tu buena suerte con confianza, coraje y constancia. Y haz que suceda.

Un abrazo y gracias por acompañarme semana a semana. Marta Zúñiga

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