Cómo pasar de ser un mal jefe a un buen líder

A muchos nos ha tocado trabajar con un jefe particularmente difícil en algún punto de nuestra carrera profesional.

Según estudio de la consultora Otto Walter, las quejas principales de los empleados respecto a la actitud de sus jefes son:

  • Faltas de respeto, para el 49 % de los preguntados este es el comportamiento peor que han recibido por parte de sus superiores.
  • Para un 37 % es la prepotencia del jefe lo que peor llevan en su puesto de trabajo.
  • Le siguen con un 29 % la incompetencia directiva, y con un 28 % la falta de apoyo al equipo de trabajo.
  • Para acabar, un 25 % destaca que veían la ausencia de trato humano como uno de los comportamientos más irritantes que habían sufrido por parte de sus jefes.

El hecho de que un “jefe” sea amable muchas veces se confunde con un carácter débil. Lo cual es un error garrafal. De ahí la arrogancia de muchos de ellos.

Un mal jefe es capaz de dar unos resultados increíbles a corto plazo, pero condena a la empresa a largo plazo debido al legado tóxico que deja tras de sí. 

El daño puede ser tan grave que se corra la voz de que las condiciones laborales son pésimas y pocos serán los buenos trabajadores quieran colaborar con esta empresa.

Si has llegado hasta aquí espero que todas estas reflexiones que voy a hacer ahora hagan pensar a más de un jefe, si es que me están leyendo.

Un buen líder:

1. Admiten sus errores. Todos los líderes cometen errores. Un buen líder confía en sí mismo y no busca a un culpable de sus fallos. En su lugar, se hacen responsables. Esa vulnerabilidad genera confianza en su equipo.

2. Lo primero para ellos es su equipo. Se enfoca en servir a los demás. No buscan conseguir más poder dentro de la empresa. En su lugar, buscan más y mejores formas de ayudar a los demás.

3. Comparten información y delegan. Los líderes son conscientes de sus fortalezas y debilidades. Se dan cuenta de que no pueden hacer todo ellos solos. Saben delegar porque el trabajo es más importante que su propio ego.

4. Escuchan (de verdad). Son accesibles para los empleados y esto les permite crear un entorno de comunicación abierta y con un feedback muy positivo para ambas partes.

5. Son cercanos. Realmente se preocupan por los empleados que están a su cargo. La empatía les permite construir relaciones laborales sanas y establecer vínculos con los miembros del equipo.

Un mal jefe.

1. Todos los méritos para él. Un equipo de trabajo está formado por un responsable y el resto de subalternos. No hay nada peor que tener un jefe que se lleve la condecoración del trabajo de los demás. Es como si un director de cine se lleva los méritos a mejor película y no diese las gracias al inmenso equipo que tiene detrás.

2. No sabe que significa predicar con el ejemplo. ¿Se dedica a dar órdenes, pero él es el primero que se escaquea de hacerlas? Aquí tenemos un claro caso de mal gestor de equipos.

3. Ausencia total. Muchos jefes se escudan en «confío ciegamente en mi equipo», pero esto es una relación laboral y como tal necesita ser cuidada de forma regular. La falta de comunicación va ligada a este defecto, lo cual solo empeora el ambiente.

4. Es soberbio. La superioridad suele ser típico de un mal jefe, pero no dejan de ser y no son más que un reflejo al miedo de perder su autoridad y el respeto de sus empleados.

5. Afecta a la motivación. Si eres un mal jefe, no solo no haces bien tu trabajo, sino que condicionas el de los demás. La toxicidad de estos individuos se contagia “tipo pandemia” afectando negativamente a la productividad.

¡Es hora de cambiar!

Si sientes que tu carácter es más de “jefe” que de “líder” estas a tiempo de cambiar, además ya te adelanto que tendría un impacto enorme en tu equipo de trabajo.

Crea un buen ambiente de trabajo y que sepan que eres una persona responsable, humilde y que tu fin último es salvaguardar la salud laboral de la gente que tienes a tu cargo.

Y recuerda,

Crea tu buena suerte con confianza, coraje y constancia. Y haz que suceda.

Un abrazo y gracias por acompañarme semana a semana.

Marta

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