Nadie puede herirte sin tu consentimiento. (Eleanor Roosevelt).

¡Hola!

Te quería contar una cosa, llevo dando vueltas a una pregunta que me enviaron el otro día, toda la semana. De hecho, había preparado un video y post y he decidido cambiarlo esta mañana. Hoy no hay video, solo post.

La pregunta era la siguiente:

“He cambiado de responsable recientemente y no consigo conectar con él. No se comunica no me da feedback estoy totalmente perdida. Es de una cultura e idioma distinto y creo que está esperando cosas que no sé, me hace sentirme cada vez más pequeña y con más inseguridades”. (Inma)

¿Quién no ha tenido un jefe o jefa que le ha hecho sentir así, ¿verdad? ¿Quien no se siente reflejado, con este sentimiento, en algún momento de su carrera profesional? yo misma, sin ir más lejos.

Igual que te sucede a ti, esta inquietud y actitud es muy común en las organizaciones.
Me encuentro, en muchas ocasiones, con las quejas de los profesionales con respecto a su jefe, a su equipo, a su CEO, a su empresa en general. ¿Y qué se puede hacer cuando estás en este punto?

Uno de los referentes en este mundo de la empresa y del management es Stephen R. Covey. Te recomiendo su libro los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

En este libro, habla de las fases de madurez por las que todos pasamos, a nivel personal y profesional.

La madurez es el proceso que conduce al crecimiento y al desarrollo.

Si trazamos una línea desde la madurez baja a la alta habría tres niveles básicos:

1. Dependencia– Significa que necesitas de otros para lograr lo que quieres. Todos empezamos la vida como niños y dependemos de otros para alimentación y sustento. Puedo ser intelectualmente dependiente del pensamiento de otra gente, puedo ser dependiente de la validación de los demás.

Dependencia es la actitud del tú, tu cuidas de mí, tu logras esto por mi o tu no lo logras y te culpo por no hacerlo. Tu no te comunicas conmigo, no te relacionas, etc.

2. Independencia – Significa que estás libre de la influencia externa del control y del apoyo de otros. Piensas y actúas por ti misma. Estás validada desde dentro, dirigida desde dentro. Eres auto confiable.

Obtienes lo que quieres con tu propio esfuerzo.

Es la actitud del yo. Yo puedo hacerlo, yo soy responsable, yo soy auto confiable, yo puedo elegir.

Actuamos más de lo que se actúa sobre nosotros.

La verdadera independencia de carácter nos libera de las circunstancias y de otras personas.

3. Interdependencia – Esta es la meta última para una vida efectiva. Este es un nivel más maduro y más avanzado.

Sería más como un matrimonio “bien avenido” o como una familia. Cooperamos para un bien común. No sólo el tuyo o el mío, pero el de todos. Esto es vital para las organizaciones, la vida familiar, los matrimonios,

Esta es la actitud del nosotros- Nosotros podemos cooperar, podemos trabajar juntos, combinar talentos, esfuerzos para lograr lo que queremos.

Hasta que no seamos independientes no podemos ser interdependientes. En otras palabras, no podemos correr antes de aprender a caminar. No podemos cooperar con otros si no tenemos auto mandato interno, autocontrol.

Dicho esto, ¿en qué fase te encuentras? Supongamos que te encuentras en la primera fase, justo en este momento, en la de dependencia. Y que te sientes más reactiva que proactiva.

¿Y esto que significa?

A las personas reactivas, les afecta el clima social, el ambiente a su alrededor. Cuando te tratan bien, te sientes bien, cuando no es así, reaccionas y te vuelves o defensiva o auto protectora o pequeña. Las personas reactivas construyen sus vidas emocionales en torno a la conducta de otros, permitiendo que los defectos de los otros les controlen.

Las personas proactivas se mueven por valores meditados e internalizados. Ellas llevan consigo su propio clima. Aunque las personas proactivas también se ven influidas por su entorno externo, ya sea físico, social o psicológico, su respuesta, consciente o inconsciente es una elección basada en sus valores. Si su valor es hacer un trabajo de buena calidad, no depende de que haga buen tiempo o no.

Lo que te duele no es lo que te sucede, sino tu respuesta a lo que te sucede. De hecho, las experiencias más difíciles son las que moldean nuestro carácter y desarrollan nuestra fuerza interna.

Víctor Frankl es un gran ejemplo de esto. Si puedes, lee su historia, es muy inspiradora.

Volviendo a tu tema, necesitas ser más proactiva y menos reactiva. Eres responsable de que las cosas que tú quieres sucedan. ¿Cómo? Toma la iniciativa. ¿Qué quieres que ocurra? Sé protagonista de tu historia y no víctima. Toma las riendas y no esperes a que te las den.

Hay cosas que no puedes controlar y no dependen de ti y hay otras cosas que sí. Céntrate en lo que tú puedes cambiar. ¿Vas a tener una reunión con él? ¿qué le vas a plantear? ¿Qué quieres conseguir? ¿Te vas a centrar en hacer tu trabajo cada día mejor, en anticiparte a lo que se necesita, en centrarte en lo que puedes y no en lo que no puedes o no está en tu mano?

Espero que esta respuesta te ayude y te sirva. Ya me lo dirás.

Te deseo que pases un buen lunes y una gran semana,

Y no te olvides de reenviar este post, si te ha parecido interesante y de compartirlo en tus redes sociales. ¡Gracias por el apoyo!

Un fuerte abrazo,

Marta

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