Guía práctica para cambiar tus creencias limitantes

No valgo para nada

No soy lo suficientemente buena para …

No puedo …

Pues siento decirte que te estás limitando tú misma, porque como dice el dicho popular “querer es poder”.

Sí, la frasecita está muy bien, pero yo misma más de una vez he querido hacer algo y no he podido llevarlo a cabo. 

Seguramente alguien alguna vez te ha dicho aquello de: “si haces siempre lo mismo obtendrás siempre los mismos resultados”.

Y tú habrás pensado: «sí, si ya lo sé, pero es que no puedo,

Normal, porque antes de cualquier acción hay un pensamiento, y los pensamientos se sustentan sobre tus creencias, por lo que para cambiar determinadas acciones y comportamientos deberás revisar tus creencias.

Sí, tú también, no te libras. Todos tenemos creencias limitantes. ¿Crees que las cosas no se consiguen fácil? ¿Que las cosas se consiguen con mucho esfuerzo y sacrificio? ¿Crees que la vida es dura? ¿Crees que tú no vales para …? ¿Qué es imposible cambiar de trabajo o incluso de sector porque no tienes experiencia en ello?

Pues de todo esto va la cosa hoy, 3 sencillos pasos para acabar con las creencias limitantes.

Identifica la creencia que te limita

Como te decía, son más fáciles de señalar por otros. Para una misma es más difícil de poder percibirlas. Por eso, prométeme que, si alguien algún día te hace el regalo de mostrarte una de tus creencias limitantes, no te enfades y agradece su regalo. Identificar la creencia limitante, es el primer paso para poder sustituirla.

Cada persona es un mundo y un libro lleno de creencias, pero hay tres creencias de base:

1.- No es posible

2.- No soy capaz

3.- No merezco

¿No merezco? Sí, suena raro, pero es una de las que me encuentro a menudo.

Un ejercicio sencillo y efectivo de poder identificarlas es este: Piensa en un objetivo o en un sueño que tengas o algo que anhelas que se te resiste o que dudas de poder conseguirlo.

Coge un cuaderno y un boli y escribe acerca de esas dudas. ¿Qué te puede impedir conseguirlo? Tómate el tiempo suficiente para desahogarte y expresar lo que sientes. Conecta con esas emociones de rabia que puedan surgir, de impotencia…

Una vez te hayas desahogado, vuelve a leer las frases para identificar las que sean “no puedo…”, “no sé…”, “no es para mí…”, “creo…” y ahí las tienes.

Formula una creencia potenciadora

Piensa en qué creencia te puede ayudar a conseguir hacer lo que te propones. ¿Qué creencia potenciadora puede sustituir a esta creencia limitante?


Para cambiar una creencia limitante por una creencia potenciadora te voy a dejar una técnica de PNL:

Escoge una creencia negativa limitadora. ¿Es una creencia recibida de otras personas o tuya propia?

¿Cuál es la intención positiva de esa creencia? (todo comportamiento encierra una intención positiva)

¿Cuál es la creencia opuesta positiva que quieres incorporar?

¿Cómo puede mejorar mi vida aplicando la creencia positiva?

¿Cómo podría empeorar mi vida por esa nueva creencia?

¿Qué es lo mejor que te puede pasar si continúas con la vieja creencia?

¿Qué es lo mejor que te puede pasar con la creencia positiva?

Es necesario practicar con ella y mantenerla un tiempo.

Consolidación de la creencia

Las creencias no se eliminan, se sustituyen. Como cuando te pones a quitar malas hierbas del jardín, las quitas y si no haces nada en su lugar ¿qué pasa? Vuelven a crecer. ¿Cuándo sabes que no crecerán? Cuando en su lugar has plantado hermosas hortensias, o geranios, o rosales…

Espero que pongas en práctica cuanto antes este cambio de creencias limitantes. Cuando lo hagas verás cómo cambia tu vida a mejor y estarás en el camino de convertirte en tu mejor versión. Estoy deseando escuchar los resultados que obtienes.

Por supuesto cambiarlas no es sencillo y requiere paciencia y tiempo.

Si se te resiste, no dudes en pedir ayuda profesional, porque cambiar tus creencias puede cambiar tu vida por completo.

Sigue luchando por tus sueños. Nos vemos en la cima.

Y recuerda,

Crea tu buena suerte con confianza, coraje y constancia. Y haz que suceda.

Un abrazo y gracias por acompañarme semana a semana.

Marta Zúñiga

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