Identifica, redefine y gestiona tus debilidades

Todos tenemos defectos, pero no debemos confundir los defectos con debilidades.

Con los defectos debemos convivir, en incluso los podemos evitar, pero ¿serías capaz de desprenderte de tus debilidades? Por eso, en vez de intentar eliminarlas, debemos apostar por saber gestionarlas.

Lo primero de todo es identificarlas, tenerlas controladas, así que vamos a por ello: 

Anota en un cuaderno todas las actividades que realices: Con la finalidad de identificar tus debilidades, debes pensar en las actividades en las que más participas o las que más disfrutas. Pasa aproximadamente 1 semana escribiendo todas las actividades que realices durante un determinado día, clasificándolas del 1 al 5 con base en lo mucho que las disfrutas o participas en ellas.

Busca los rasgos comunes: De todas las actividades de las cuales no disfrutas, que has detectado en el anterior punto, busca un rasgo común entre todas ellas.

Reflexiona sobre tus valores: Los valores de una persona son las creencias que moldean nuestra forma de pensar sobre nosotras mismas, de los demás y del mundo que nos rodea. Son fundamentales para la manera de abordar la vida. Tomate un momento para identificar tus valores y ver si las actividades que anteriormente has detectado como posibles debilidades están alineadas o no con ellos. 

Pide feedback: Evita ponerte a la defensiva cuando recibas los comentarios. 

Agradécele a la persona por sus consejos sinceros para que esté dispuesta a ayudarte en el futuro.

Una vez identificadas lo segundo que haremos será redefinirlas:

Pregúntate de qué te sirve cada debilidad: Tu mente no crea las debilidades a propósito, sino para protegerte o servirte de alguna forma. Una autoestima basada únicamente en nuestras fortalezas, que se niega a admitir las debilidades, resultaría vacía e irreal. 

Usa tus fortalezas para aprender a saber gestionar tus debilidades: En lugar de enfocarte en las habilidades que te hacen faltan, trata de afrontar las tareas con las habilidades que posees.

Pide ayuda si la necesitas: Tener contactos es una fortaleza para cualquier situación. Si pides ayuda en cierta área, podrás incluir a algunos compañeros en las tareas. También puedes aprender a vencer tus debilidades observando la forma en que otras personas realizan esas tareas.

Intenta fortalecer esa debilidad: Aunque una debilidad nunca va a convertirse en una fortaleza, es cierto que si podemos moldearla aprendiendo sobre esa actividad que nos cuesta realizar. Puedes hacer un taller, una clase o incluso puedes contratar a un coach para que te ayude a gestionar esa debilidad.

Y el tercer y último paso es gestionar esa debilidad: 

Desarrolla un plan de acción concreto: Ponte metas con límites de tiempo. Bajo cada una, crea pasos factibles que te permitan mantener el rumbo y tener éxito.

Pongamos el ejemplo de que te cuesta hablar en público cada vez que tienes que presentar algún proyecto. En este caso puedes plantearte diferentes pasos como escribir el guion de tu presentación, dar el discurso en una habitación vacía, luego a una sola persona y por último a varias personas. Con el tiempo, tendrás la seguridad suficiente para dar el discurso ante un público mayor.

No te olvides de tus fortalezas: Mientras te esfuerzas para vencer una debilidad, trabaja también en tus fortalezas. De esta forma, mantendrás la seguridad y podrás motivarte para vencer las debilidades.

Si volvemos al ejemplo anterior a lo mejor, eres buena escribiendo guiones para la presentación de un proyecto, aunque te cueste presentarlos en público. El hecho de reconocer tu fortaleza te dará más seguridad para gestionar tu debilidad. 

Celebra tus logros, ¡que no se te olvide!: Las debilidades se llaman así por algo. Se necesita mucho esfuerzo y dedicación para aprender a gestionarlas y que no nos frustren en nuestro día a día. Así que por favor, aunque no cumplas una meta, debes reconocer el avance que hayas hecho y estás en la “obligación” de celebrarlo, ya me entiendes ….

Siempre es bueno mejorar y gestionar las debilidades de manera inteligente. 

¡Ojo, no debemos caer en la trampa del perfeccionismo!. Por lo tanto, también es fundamental que aceptemos que somos seres con debilidades y que aprendamos a querernos con ellas.

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Un abrazo y gracias por acompañarme semana a semana.

Marta Zúñiga

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